Una vez más, ayer fui al jardín de Nadine. Esta vez fui acompañada de Pilar y Patricia, compañeras y amigas, que con ganas de conocer el jardín y poner en práctica los conocimientos teóricos aprendidos en nuestra escuela. Nadine, nos recibió cariñosamente con su gorrito y contenta de que estuvieramos allí para ayudarla. Desde aquí, debo agradecerla, que nos incluya en estos trabajos, pues es una oportunidad. Despuésde enseñarlas los rincones del jardín, nos pusimos a quitar malas, que en compañia es mucho más llevadero. Al principio de la mañana el frescor nos tocaba la cara, y el trabajo era más cómodo. Sin embargo, a medida que la mañana transcurría, el sol apretaba con más fuerza. Esta vez los gorros y las cremas no faltaban para protegernos de Lorenzo. Debo decir, que estaba deseando acabar para realmente enocntrar aquellos momentos inolvidables del jardín. Cada día que voy hay algo nuevo que descubrir.

Por ejemplo, al trabajar quitando las malas hierbas sobre el río seco proyectado, las santolinas, muy próximas a nosotras de repente, con un movimiento producido por el aire, despedía un olor “fétido”. 

Es increible que con esa floración tan brillante e intensa, el aroma que produce no sea el esperado. A pesar de que sea un olor desagradable, es uno de los secretos que nos descubren las plantas al trabajar con ellas. Quizás esa planta, pudiera colocarse en un jardín, conociendo esta característica olfativa y a la vez que la floración es espectacular, su olor ahuyente a aquellos personajes que no queremos. Eso sí pobre jardinero que tenga que cuidarlas.
Mientras quitabamos malas hierbas y nos acercabamos al intenso olor maloliente de las santolinas, Nadine movía con sus manos la hierbabuena que a unos metros se encontraba. De esa manera, nuestros orificios nasales, cambiaban a un olor maravilloso que contrarrestaba el otro aroma. Pilar, la más lista de las tres, se puso en la orejilla una ramita de hierbabuena, de esa manera podía trabajar más alegre con la nariz puesta en la ramilla verde.
Después de este trabajo que nos llevó bastante rato, nos pusimos Patricia y Pilar a colocar geotextil y yo a quitar malas hierbas. En estos momentos, en el que estaba con la azadilla golpeando a las dichosas “malas hierbas”, pensaba: el trabajo de jardinero no está bien valorado. Es un trabajo duro, a veces aburrido, a veces más entretenido, pero además en condiciones de clima difíciles. Y no cualquiera puede hacerlo. Para ello se necesita cierta sensibilidad, ganas e interés. Estas hierbas no deseables en el jardín ( no por  no ser bellas, sino porque son totalmente adventicias y no han sido escogidas para plantarlas), hay que quitarlas de raíz, y estoy segura que una persona cualquiera no cualificada lo haría de cualquier manera.

Nadine, preocupada por nosotras de vez en cuando venía a vernos, y nos explicaba cómo debían ser las herramientas y cómo debiamos utilizarlas.

Al finalizar el trabajo, nuestra recompensa fue una copiosa comida, compartida, puesto que Pilar trajo ensalada de pasta, Nadine gazpacho, Patricia sandwich de diversos ingredientes, Javi (novio de Nadine) unas verduritas a la plancha y pollo con patatillas, con unos panes deliciosos de semillas, pasas, etc. Ese rato fue muy divertido, en el que nos reimos en compañia de las hijas del cliente, los perros, los compañeros y los amigos.
Al terminar eran las 5 de la tarde y dispuestas a recoger, realicé mi personal recorrido, en busca de momentos y sensaciones. El jardín en realidad es una explosión de color, lleno de movimiento, sonidos, y olores.

En esta foto, se puede apreciar, que Nadine y Javi han añadido esta cubiertilla rústica al emparrado de las vides. Es un emparrado totalmente acorde con lo que le rodea.

Las festucas, con esa floración en espiguillas, que destaca sobre la propia planta por ese color claro sobre el fondo verde azulado.

La cabañita de mimbre con esas puntas verdes, queriendo ascender al cielo. Escondrijo de algunos animalillos.

 

La floración de las gramineas, que parece que son mariposillas, que vuelan y se posan sobre las ramillas de las plantas. La flor blanca algodonosa que vuela sobre la masa verde y quisiera escapar de allí.

La lavanda que se eleva sobre el suelo, y que atrae a los insectos, abejas, mariposas, y a mi, por supuesto también.

Es increible, de repente un pequeño momento al lado de las florecillas moradas de la lavanda y el sonido de los abejorros sobre ellas, y el vuelo de las mariposas, increible. Una historia más que contar.
Y por fin las vivaces, con tanto cuidado escogidos por mi amiga Nadine, ya floreciendo, y queriendo llamar la atención de los visitantes. 
El jardín es el reflejo de lo que mi amiga Nadine es, sus inquietudes, sus intereses, su ambición por descubrir. Cada día que voy es un jardín distinto, más amable y más acogedor. Con colores y texturas increibles, con formas y flores maravillosas. También arboles acompañan al espacio, pero permiten que el cielo azul, luminoso sea una ventana al universo, que hace que el espacio sea más espectacular y más grandioso.