He dedicidido escribir post más personales no tan botánicos, habrá de todo, pero necesito que mi blog sea mi blog y para ello quiero hablaros de mi faceta más personal. Porque esa faceta también forma parte de Espacios Vivos y hace que sea cómo es.

Como es época de regalos, he pensado en darle una vuelta a e este tema y rebuscar en mi mala memoria aquellos regalos que he recibido. La verdad es que llevo dándole vueltas a este tema, que además me propuso simplemente MJ hace unos días y aunque íbamos a escribirlo con otros blogueros he pensado que podría ser interesante, quizás no tanto para vosotros sino sí recordarlo.

Primero os contaré algo que me ha sucedido en mi vida sobre los malos regalos. En mi familia, hace ya varios años, íbamos a casa de unas tías de mi madre, y nos reuníamos casi 25 personas el día 25 de diciembre. Entonces hacíamos una rifa, que al principio creo, que iba con buenas intenciones pero se fue convirtiendo en algo cutre y feo por parte de algunos. O al menos es como lo sentía yo. Resulta que las familias que componíamos esas reuniones, comprábamos regalos para rifarlos. Hacíamos tantos números como personas había en esta reunión y siempre tocaba algo, a pesar de ser 25 personas, entre niños, niñas y adultos. El que tenía el número 1 elegía primero y así hasta el último. Recuerdo que mis padres pensaban los regalos y los compraban con ilusión. Molaba buscar esos detalles. Y mis abuelos se gastaban sus ahorrillos y siempre ponían el mega regalo. Un año fue un reloj de cocina, otro una cafetera buena, etc… Pero al cabo de los años, esto se fue corrompiendo. Recuerdo regalos como rollos de papel de culo, o como lo que ponen en lo hoteles en los baños, el jaboncito, el peine, incluso el mini costurero de cartoncillo. O incluso llegaron a llevar a la rifa juguetes usados de algunos de los niños para incluirlos.

El caso es que con los años, fue a peor y me revolvía tanto que me hacía sentir mal el hecho de ir ese día a esa reunión. Dejé de asistir porque me hacía sentir mal el reparto de los “detalles” que se daban en la rifa. Pero esta mala experiencia durante años, me ayudó a reflexionar sobre el tema de los regalos.

Creo que es mejor no regalar, que regalar cualquier cosa. Así como hay que pensar muy bien a quien se regala, y evitar regalar aquello que le gusta a uno mismo, sin pensar si a la otra persona le gusta.

Yo he recibido regalos que me han emocionado y ahora se me ocurren algunos:

  • Mi marido me llevó de sorpresa a Cádiz cuando éramos super jovencitos, unos días antes de irnos, el coche se averió y él me tuvo que confensar a dónde íbamos a ir. En cualquier caso ese regalo me encantó.
  • Una amiga paisajista, se presentó en mi casa y me regaló un libro de jardines japoneses. La pena no poder estar en casa cuando vino a traérmelo. Me hubiera encantado darle un abrazo.
  • Cuando nació mi hija, mi padre me regaló una caja de flores preciosa, algún la tengo en casa, con las flores resecas, pero cada vez que la veo, me recuerda ese momento.
  • Mis compañeros de Monceau Fleurs me regalaron cuando nació mi segundo hijo un super ramo de flores precioso y además mi marido me regaló de la misma floristería un centro con orquídeas precioso. Tuve la habitación del hospital llena de flores y luego en casa durante mucho tiempo también.
  • Mi hermano y mi cuñada por mi cumpleaños me regalaron la web de Espacios Vivos. Fue un regalo práctico y bonito.
  • Mi marido por el día de la madre, de este año 2016, me regaló un mega lote de productos de lush sobretodo para hidratar mi cuerpo y mis manos. Mis manos porque las tengo destrozadas de hacer kokedamas y del frío. Y mi cuerpo porque no tengo nada de tiempo para cuidarme y esto ha sido genial para dedicarme un poco de tiempo a cuidarme.
  • Otra vez mi marido, me regaló unas sesiones de coaching en las que aprendí un montón.
  • Mi hija el año pasado me regaló una piedra y me dijo que era para que yo fuera muy feliz.

Esta época de Navidad es difícil para mi, porque me recuerda parte de mi pasado complicado, pero reconozco que desde que mis hijos están, me emociono en pensar cómo lo van a disfrutar. Yo disfruto pensando en lo que les voy a regalar. Este año además la mayor ha escrito la carta a los reyes y ver su letrita irregular, su carilla de ilusión al escribirla ella sola, ha sido realmente genial. Ya no queda nada. Mañana por la noche pondremos los zapatos al lado del árbol y sé que ella estará nerviosa, pero yo también por ver la cara de todos cuando vean sus regalos.

Espero que os regalen lo que queréis, que os sorprendan y os emocionéis. ¿Habéis pensado alguna vez en cuál ha sido el regalo más espectacular que habéis recibido? ¿Y el más horrible?