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El viernes cuando nevó fue una sensación increíble. Desgraciadamente no me encontraba muy bien, ya que estaba con este maravilloso virus que ha pasado con nosotros las fiestas. Sin embargo, no me podía perder el espectáculo blanco. Desde la ventana de mi casa podia observar como los copos de nieve iban cayendo y se despositaban sobre las superficies que se encontraban a su paso. Tuve que hacer una serie de recados por los que a pesar de mi fiebre recorrí la calle. Escribo este articulillo porque me di cuenta de algo. La nieve envolvía los espacios de la calle, los bancos, los tejados, los árboles, las plantas, las farolas, los alcorques, la calzada (esto último lo más peligroso)….
La gente salía a la calle con una sonrisa de oreja a oreja porque la nieve sólo nos viene a visitar de vez en cuando y cuando lo hace parece que depura el ambiente, se vive la vida de otra manera, con más alegría. Es increible como los espacios que conocemos, por los que pasamos diariamente pueden cambiar con esa capa nevada. Hace que los espacios cambien en cuestión de poco tiempo, así como que vuelvan a la normalidad. Este efecto extraordinario de la naturaleza hace que seamos más felices y nos demos cuenta de la existencia de lugares, objetos, elementos, etc, que normalmente pasen desapercibidos ante nosotros. Y sobretodo hace que seamos un poco más felices.