El último taller de kokedamas fue este sábado, día 23 de enero. Mi marido me ayudó, como muchas veces, a llevar todo el material. Lo incómodo de este taller es todo el material auxiliar, que ocupa mucho espacio y al final es muy pesado. Pero no importa, los alumnos se lo merecen y todo sea por difundir el arte de hacer kokedamas. Además en la tienda de trizas y trazos, y ya lo he observado, son muy serviciales, ayudan a todo y siempre están pendientes.

Las alumnas fueron llegando y esta vez les pedí que se pusieran sus nombres en una etiqueta. Mi cabeza loca de embarazada ya no me permite retener mucha información. Y así nos facilitó a todas, el poder comunicarnos y hablar entre nosotros y entre ellas.

Una de las alumnas era repetidora y la verdad es que me dio mucha alegría, María, porque realmente me hizo sentir más tranquila.

Y es que me he dado cuenta que los talleres los empiezo con muchos nervios, porque me exijo mucho y poco a poco, me voy relajando a medida que voy explicando la técnica. Siempre me da miedo que no se entiendan mis explicaciones o que haya alguien que se sienta más perdido y no me haya dado cuenta. En este taller había 9 alumnas, un alumno Jaime (un niño que le encantan las plantas) y su madre. Y la verdad es que eran muy resueltas.

Siempre que imparto un taller intento hacerles entender que el camino, que el proceso del kokedama, sería mejor si lo disfrutarán. Pero desde luego no es tan fácil. En este último curso, algunas estaban tensas. Creo que nos pasa a muchos y es que queremos que las cosas salgan bien a la primera. Cuando finalmente atan el musgo y ven el resultado: el kokedama, es cuando respiran y se dan cuenta de que son capaces de hacerlo.

Lo bueno de este taller es que al hacer dos kokedamas, el primero lo viven con un poco de tensión pero el segundo ya lo disfrutan de otra manera. No es sólo producir kokedamas sino ser consciente de cada paso para pasar un buen rato y disfrutarlo. Porque de eso se trata, evitar juzgarse a uno mismo (y yo soy la primera que lo hago), no exigirse tanto, y aprovechar el momento. María mi alumna repetidora me confesó que hacer kokedamas le relaja. Un buen objetivo de hacer kokedamas es ese. En mi caso cuando produzco kokedamas, tocar la tierra, el musgo y el agua, me lleno de olores, de naturaleza y de esa manera respiro. Algo que en mi día a día, me cuesta, coger aire y respirar.

taller de kokedamas

taller de kokedamas

taller de kokedamas

taller de kokedamas

Alguno de los testimonios escritos que me dejaron después del taller fueron los siguientes:

Les pregunté qué es lo que más le había gustado y sus respuestas fueron:

  • “Mi descanso mental”
  • “Conseguirlo hacerlo yo”
  • “La verdad es que nada, todo ha sido perfecto, las explicaciones muy claras”
  • “El manejar la tierra directamente para aprender la textura”
  • “La amabilidad de Pilar de explicar las cosas”

Otros testimonios:

  • “Es una técnica muy divertida y relajante: ¡¡Una mañana genial!!”
  • “Es un taller muy bonito y original”
  • “Ha sido incluso mejor de lo que esperaba, ha pasado rapidísimo, ha sido un rato para estar tranquilo y disfrutar haciendo algo que nunca hubiera pensado”

Estoy muy contenta de haber hecho este taller y de cómo fue todo.